La rumana Constantina Tomescu se proclamó nueva campeona de maratón en las Olimpiadas de Beijing 2008 y encontró el premio estelar a su dilatada carrera y a la valentía mostrada cuando decidió emprender la aventura en solitario antes de la mitad de la prueba.

El día había amanecido gris, al contrario que los dos precedentes, con 23 grados y un porcentaje del 73 por ciento de humedad. Las atletas lo agradecieron tanto en la salida, en la plaza de Tiananmen, como en la meta, en el Nido, a donde comenzó a llegar público desde las 7.00 de la mañana para llenar por completo los graderíos a la llegada.

A las 7.30 horas comenzó la prueba sin la defensora del título, la japonesa Mizuki Noguchi, baja por lesión, y con el regreso a la actividad de la plusmarquista mundial, la británica Paula Radcliffe, tras superar una fractura en el fémur, y Ndereba como otra gran referencia.
Nadie se movió de verdad en la primera mitad de la carrera.

Las atletas optaban por administrar reservas y las grandes favoritas tampoco se dejaban ver mucho salvo Radcliffe, aunque distaba mucho de ser la Paula de siempre, y Ndereba, a la que gusta incluso dejarse descolgar.
Los avituallamientos y algunos barullos provocaron las únicas alteraciones.

En una de ellas, la estadounidense Deena Kastor, bronce en Atenas'04, se lesionó en el pie derecho y tuvo que abandonar.
Era el kilómetro cinco y el cartel perdía a una de sus ilustres, como después ocurrió con otra de las aspirantes y líder del bloque japonés, Reiko Tosa, bronce en Osaka, quien se desmoronó y antes del medio maratón ya agonizaba por las calles de Beijing.

La protagonista fue Tomescu. La rumana aprovechó un tirón inicial de Yelling para cambiar el ritmo de manera brusca e irse de manera irremisible para pasar ya en solitario el medio maratón (1h15:11). El resto de aspirantes, ya sin la española Yesenia Centeno, que no pudo soportar el duro ritmo, rechazó de entrada el desafío. Aún quedaba mucho y optaron por dejar hacer a la rumana.

En el kilómetro 25, su ventaja era ya de 34 segundos y la diferencia iba en aumento, por lo que Radcliffe decidió asumir de entrada la responsabilidad en el grupo.
Pero la rumana, poderosa en su zancada, quería soñar y hacerse con la corona a los 38 años. No se rendía y ni siquiera el ritmo, ahora sí, de persecución impuesto por las chinas Xhunxiu Zhou y Xiaolin Zhu impedían que por el kilómetro 30 su ventaja fuera ya de 57 segundos.

La rumana no acusó el desgaste de la aventura en solitario, y se dirigió al Nido con el poderío del que se sabe ganador, mientras que por detrás la lucha por la plata y el bronce quedó entablada entre las kenianas y las chinas. Komu llevaba tiempo mostrando señales de gran desgaste y Zhu tampoco pudo aguantar justo antes de la entrada al estadio, con lo que se jugaron las dos medallas restantes Ndereba y Chunxiu Zhou ya en la misma pista.

Fue un esprint sostenido, con cambios de posiciones en el que se impuso Ndereba en los últimos metros para revalidar la plata que había logrado en Atenas, mientras que Tomescu ya celebraba su éxito más importante con el que ponía la guinda a largos años de sacrificio al que le faltaba un gran oro en unos Juegos o unos Mundiales.


La mexicana Madaí Pérez fue la mejor latinoamericana, como era previsible, y estuvo entre las mejores hasta que el ritmo de persecución a Tomescu fue demasiado alto. Cedió y concluyó en la decimonovena plaza, con un tiempo de 2h31:47.

La peruana María Portilla llegó en el puesto 39 y registró un tiempo de 2h35:19.
Mientras tanto, la mejor española fue Yesenia Centeno, que se desmoronó tras estar con las mejores hasta el medio maratón y acabó cuadragésima quinta con 2h36.25.

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