La primera dama francesa Carla Bruni acaba de regalar su recién editado disco a todos los ministros galos para que lo escuchen en vacaciones. Una profesional sin prejuicios que separa su papel de primera dama del de cantante y a la que no se le plantean problemas de conciencia por utilizar todas las armas para promocionar su trabajo. Un ejemplo para todas aquellas las mujeres que se ven obligadas a renunciar a su trabajo para salvaguardar la imagen pública de sus maridos por el que dirán 'qué dirán'. Carla Bruni es el adalid de la mujer actual.

Con su actitud demuestra que estar casada con el presidente de la República no es obstáculo para mantener una vigorosa vida laboral. Lo mismo visita, recatada y perfecta, a la reina Isabel II de Inglaterra disfrazada de Jackie O, que se sube en un coche Lancia Musa como protagonista de un anuncio, o publica su último disco susurrante en el que desnuda sus sentimientos muy en línea con la chanson francesa.

Una auténtica todoterreno para la que no existen fronteras aunque se escude en que el proceso discográfico es anterior a su fulminante enamoramiento presidencial. Bruni se ha revelado como un brillante cerebro marketiniano. Entrevistas en los telediarios de mayor audiencia y portadas en las revistas más prestigiosas del globo, como corresponde al morbo que produce una primera dama musicalizando sus intimidades. Su cercanía y genial naturalidad desarman.

Con esa aparente espontaneidad que gasta, ha regalado a los ministros que integran el gabinete de su marido el CD con sus canciones, del que ya ha vendido 15.000 ejemplares, para que lo disfruten durante sus vacaciones. Es decir, les ha puesto deberes, así comme si de rien n'était -'Como si nada', que es el título del disco-. Ya pueden aprendérselo porque en la primera rueda de prensa del Consejo de Ministros tras el verano, la pregunta ¿qué tema les ha gustado más? o similar, caerá seguro.

Un golpe de efecto digno de estudiarse en las escuelas de negocio. Si Sarkozy utiliza a Carla Bruni como se empeñan en demostrar los analistas políticos franceses, ella también rentabiliza la unión. Un matrimonio con intereses comunes siempre funciona.

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