El Perú es tierra de contrastes. Mientras el gobierno del presidente Alan García afirma haber reducido la pobreza en 5% y anuncia su interés en organizar las olimpiadas del 2020, otros buscan obtener récords más tangibles.Es el caso del barrio Simón Bolívar, un complejo de cien viviendas construido en Chincha –en menos de dos meses– por el gobierno del controvertido presidente venezolano, Hugo Chávez. El 29 de abril pasado, quince días antes de que se realizara la Cumbre América Latina, el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE), los encargados de este proyecto sortearon y entregaron las cien casas entre 500 damnificados del terremoto del 15 de agosto del año pasado. Y aunque en ese momento las viviendas no estaban listas (se terminaron recién hace una semana), este hecho habría causado preocu-pación en el Ejecutivo pues se creía que durante la cumbre ALC-UE Hugo Chávez acudiera a Chincha para inaugurar este complejo. Como se sabe, las preocupaciones del gobierno no se hicieron realidad.
En Chincha –mientras tanto– se ha extendido un estado de euforia entre los beneficiados por el proyecto chavista. Tanto que ellos mismos decidieron ayudar en la culminación de las obras. "Es parte de este programa. En Venezuela son las mismas mujeres las que arman sus casas. Nosotros solo hacemos la supervisión", dice Juan Romero, alto funcionario de Petroquímica de Venezuela (Pequiven), empresa del gobierno chavista que financió con tres millones de dólares todo el proyecto.
PETROCASAS
Pequiven tiene entre sus programas más importantes el proyecto Petrocasa. Con este programa, el gobierno chavista ha construido cientos de viviendas en Venezuela, Cuba y ahora el Perú.
La dinámica del proyecto es la siguiente: se empadrona a las personas que podrían acceder a una de las viviendas, se les pide una serie de requisitos (no tener casa propia, ganar menos de dos sueldos mínimos y tener hijos), y finalmente se sortea las casas sin costo alguno. También sorprende el diseño de las Petrocasas. Cuando uno entra a una de ellas tiene la impresión de estar dentro de un gran juguete armado con gigantescas piezas de plástico.
Ello debido a que cada vivienda está hecha de concreto revestido por láminas de PVC (plástico denso derivado del petróleo y la sal). La extensión de las casas es de setenta metros cuadrados, pero los propietarios obtienen realmente una extensión de 180 metros cuadrados, en la que también se ubica un pequeño jardín y un área exterior destinada a la lavandería.
La donación chavista también incluye la construcción de un parque central que también llevará el nombre de Simón Bolívar, la entrega de un reservorio de agua de cuarenta mil litros de capacidad, y el asfaltado de una carretera de dos kilómetros que conecta el distrito chinchano de Alto Larán con la Irrigación Pampa de Ñoco, donde se ubica el proyecto.
En febrero de este año, cuando los emisarios de Chávez llegaron a Chincha no tardaron mucho en elegir Pampa de Noco como su base de operaciones. Este terreno había permanecido abandonado por varios años, aun antes del terremoto del 15 de agosto. Los pobladores de Simón Bolívar están contentos con sus casas. Cada hogar está hecho de concreto revestido por láminas de PVC. Y tienen jardín.
Los venezolanos compraron diez hectáreas de este lugar y dividieron en dos etapas su proyecto. Las cien casas entregadas a fines de abril son parte de la segunda etapa y ocupan cuatro hectáreas. Para empezar con la primera –en la que se construirán otras cien casas– el equipo de Pequiven espera algún apoyo del gobierno peruano. Hasta que esto ocurra los funcionarios de la petrolera caraqueña, Juan Romero y Oscar Guaitero, junto a la asistenta social Mildred Botello (también venezolana) aguardan instrucciones de Palacio de Miraflores. También esperan que el embajador venezolano en nuestro país Armando Laguna, al que llaman "comandante", disponga la fecha de inauguración del complejo.









